miércoles, 16 de junio de 2010

El masaje con ventosas. Primera parte.

Las ventosas vuelven a estar de actualidad en occidente, después de que desaparecieran de los tratamientos terapéuticos. Su origen tiene lugar en Asia, se supone que en China, hace unos 2600 años aproximadamente. En todas las terapias orientales se han seguido utilizando durante este tiempo, siendo muy apreciadas en China, las dos Coreas, Japón y el sureste asiático.

Existe constancia de su utilización en la medicina árabe en el siglo XI de nuestra era. En Europa hicieron su aparición alrededor del siglo XIV, el mítico doctor en Medicina Paracelso hizo mucho en su propagación por todos los países europeos en donde estuvo, que no fueron pocos.

En nuestro país, España, aún hoy podemos encontrar personas mayores que las siguen utilizando. Ya que hasta mediados de los años cuarenta los médicos, sobre todo rurales, las solían incluir en su maletín curativo.

En terapia, la ventosa es una gran aliada del masajista o del terapeuta que las utiliza. Son grandes activadoras sanguíneas, ayudan a la retirada de sangre venosa y a que la sangre arterial rica en oxígeno y nutrientes llegue a los tejidos. Dato muy importante a tener en cuenta: las ventosas debido a su succión concentran una gran cantidad de sangre, y por ejemplo en la espalda cuando nos encontramos con una tensión muscular elevada, la circulación estará bastante comprometida, la ventosa además de eliminar tensión actuará llevando sangre a la zona y permitiendo que la circulación sanguínea vuelva a ser la adecuada.

Cuando las ventosas son colocadas en la espalda, éstas actúan también separando la musculatura de la zona donde han sido colocadas, generalmente la zona de la musculatura paravertebral, la más próxima a la columna vertebral, lo cual también favorece el aumento de espacio entre dicha musculatura, los ligamentos que la componen y entre las vértebras. Dicho de otro modo, es como si en una casa de cincuenta metros cuadrados viven ocho personas y tras una reforma esos cincuenta metros cuadrados se convierten en cien, así cada persona que vive en esa casa habrá ganado el doble de espacio con la consiguiente ganancia en confort y comodidad.