domingo, 27 de septiembre de 2009

Relación entre el estrés y el dolor muscular (2º parte)

En el artículo anterior repasábamos qué funciones cumple el estrés dentro de nuestro organismo y qué consecuencias acarrea su sobreestimulación.

El ser humano tiene la gran capacidad de la adaptación al medio, lo que se traduce en que cuando se enfrenta a una situación de estrés agudo, luchará para poder hacerle frente y salir victorioso. Pero algunas victorias tienen un precio.

Las respuestas del cuerpo serán diferentes si la demanda de adaptación (estrés) es única o hay varias a la vez, o son repetitivas y continuas. Si la demanda es continua y repetitiva, deja paso a un estado de resistencia o de adaptación. Cuando esto sucede, en muchas ocasiones parece que tenemos más capacidad para hacer frente al estrés original, pero esto se consigue a expensas de la capacidad de hacer frente a otras tensiones.

Está demostrado que cuando existen una serie de factores estresantes al mismo tiempo, se desencadena una reacción de alarma, aunque uno solo de esos factores no habría tenido ese efecto. Por ejemplo, el caso de una persona que intenta realizar varias tareas a la vez, esta sobrecargada física y emocionalmente y no duerme lo suficiente, además de saltarse alguna comida. Cada uno de esos factores podría afrontarse aisladamente sin ningún problema, pero cuando se dan todos al mismo tiempo se produce un aumento de la actividad simpática, ansiedad y un aumento de la sensibilidad, lo que producirá tarde o temprano un problema muscular y/o articular. Si esta situación se alarga en el tiempo, que pueden ser incluso años, y dependiendo de la edad y del estado de la persona, llega una fase de colapso o agotamiento, es muy probable que se presente una lesión grave (lesión articular, hernia de disco, etc.)

Diversos estudios han demostrado científicamente que personas sometidas a una tensión psicológica registran en estado de reposo una actividad casi constante.
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