domingo, 20 de septiembre de 2009

Relación entre el estrés y el dolor muscular (1ª parte)

Nuestro cerebro forma parte de nuestro cuerpo y dentro de él ocurren cosas, muchas cosas. Entre otras genera estrés.

El estrés forma parte de todos los seres vivos y gracias a él, hemos sobrevivido como especie hasta el día de hoy (no sabemos que puede ocurrir mañana). En nuestra época primitiva, era un mecanismo que nos servía para prepararnos para la lucha o la huida ante cualquier peligro. Actualmente es bueno en cierta cantidad y ante ciertas circunstancias, como por ejemplo una competición deportiva, una circunstancia de peligro vital, etc.

El problema surge cuando generamos estrés ante una circunstancia en la que no cabe ni la lucha, ni la huida como pueda ser una obligaciones laborales desmedidas, una deuda bancaria a la que no podemos hacer frente, la muerte de un ser querido, la ruptura de pareja, etc. Ante estas circunstancias nuestro cuerpo se prepara para una situación de lucha o huida, situación que no se da.

No hay lucha o huida, pero el cerebro ya ha mandado la orden para que se liberen al torrente sanguíneo las hormonas encargadas de preparar al organismo ante el peligro, aumenta el ritmo cardiaco para asegurarnos un mayor aporte de oxígeno, aumenta el tono muscular etc. Al no haber amenaza física alguna, nos quedamos con esa sensación de tensión y una cantidad considerable de hormonas que no han podido cumplir su misión pero que no se disuelven y se quedan estancadas en nuestro organismo.

También es posible que pasemos a una fase de estrés agudo y que una vez éste pasa, haya una respuesta del organismo como consecuencia de la gran cantidad de tensión que ha tenido que acumular.

Estas dos causas son las principales de que tengamos un dolor muscular, como pueda ser una contractura muscular, un pinzamiento vertebral, una lumbalgia etc.

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