domingo, 5 de julio de 2009

La adolescencia y su relación con la columna

En el momento de nacer, el ser humano posee una flexibilidad articular enorme. A medida que vamos creciendo nuestros músculos, articulaciones y huesos se van fortaleciendo para dotarnos de la estabilidad necesaria para los nuevos movimientos que empezamos a realizar, a la vez que el sistema nervioso central empieza a crear una red de sinapsis neuronales que nos hace capaces de realizar estos nuevos retos a los que nos enfrentamos.

Conforme vamos creciendo somos, cada vez, capaces de realizar movimientos más complejos, en los que solicitamos la intervención de más grupos musculares y la creación de más redes neuronales que nos hagan capaces de realizar dichos movimientos.

La adolescencia y su relación con la columnaUna vez superada la etapa de la infancia, llega la pubertad con grades cambios hormonales y de estructuras mentales. En esta etapa, y según nuestra predisposición genética y nuestros hábitos posturales, podemos tener propensión a tener una desviación de la espalda:

* Escoliosis, desviación lateral de la columna vista de frente.
* Cifosis, desviación con curvatura hacia la parte trasera del cuerpo a nivel dorsal de la columna, vista de costado.
* Lordosis, desviación con curvatura hacia la parte delantera del cuerpo a nivel lumbar de la columna, vista de costado.

Depende de cómo haya sido la infancia del adolescente podemos encontrarnos a chavales con una curvatura cifótica exagerada, quizás como forma de autoprotección inconsciente, o con una escoliosis incipiente, quizás debido a que uno de sus hemisferios cerebrales se ha hecho mucho más fuerte. Si no se toman en cuenta estas desviaciones producirán en la edad adulta dolor recurrente en esa zona. También es posible que en las dos vértebras más comprometidas haya una rotura de disco intervertebral. Con el paso de los años la artrosis hará acto de presencia en esa zona y por último los nervios espinales que parten de las vértebras y que son los encargados de que los órganos internos funcionen correctamente se pueden ver seriamente afectados.

Este tipo de problemas acarreará, a la persona que los padezca, dolor, mucho dolor, y ese dolor condicionara su vida. Tendrá dificultades en poder disfrutar de sus aficiones y quizás no pueda realizar el trabajo que le gustaría hacer.

Como escribía anteriormente, la pubertad es una etapa de la vida de grandes cambios. En esta época empezamos a autoafirmarnos como individuos dentro de la sociedad y nuestra relación con el entorno y con las personas del sexo contrario y del mismo también cambia. Aparecen los primeros miedos: a los cambios hormonales, al rechazo del grupo, al sexo contrario,… Empezamos también a identificarnos con la forma, deseamos vestir de una manera determinada con tal o cual marca, nos peinamos de cierto modo,… Esta identificación está firmemente respaldada por la publicidad y los medios de comunicación que se ceban con el eslabón más débil: el adolescente.

Es ahora cuando se pierde una cantidad considerable de la conexión entre mente y cuerpo. Es posible que se adopten posturas corporales bien de rechazo, de miedo o de falsa seguridad. Del mismo modo estas posturas obligan a las cadenas musculares del cuerpo a adaptarse a la nueva situación, hasta que, en alguna ocasión, aparece un episodio de dolor agudo y quizás entonces se tomen cartas en el asunto. Pero si eso no ocurre y simplemente existen molestias, con las cuales se puede vivir, tal vez en un lento proceso la degradación del segmento afectado de la espalda acarreara las lesiones antes mencionadas.

¿Cómo podemos evitar estas patologías? Con información que los adolescentes puedan asimilar. Fomentando las actividades en las que se desarrolle la conexión entre la mente y el cuerpo. Corrigiendo los posibles vicios posturales que puedan tener, poniendo especial atención a que ellos entiendan el por qué.

Se puede asegurar que con estas “pequeñas” cosas, se podrían evitar un porcentaje altísimo de problemas derivados de la espalda. Se evitaría una cantidad enorme de dolor y sufrimiento. Así mismo, la Seguridad Social pública ahorraría una cantidad ingente de dinero y recursos que no tendría que emplear en estas patologías y que, por tanto, podrían ser empleadas en otras cuestiones sanitarias o sociales.

Víctor Manuel Castillo Casabón

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